Actualidad Literaria

halloowen

Amores, como ya viene siendo una tradición por la noche de Halloween, os traigo un cuento basado en el novela original de los hermanos Grimm; sin embargo este año vamos hacer una previa pues esta no es la historia de mañana y sintiéndolo mucho tampoco es la obra original ( por que no lo he encontrado), así que este vez os traigo mi propia versión, espero os guste .

un beso Sira, y no olvidƩis dejar un comentario.

Dulahan

el jinete sin cabeza o dulahan
 En el norte,
cuando se acercan las frĆ­as noches de invierno,
y hombres, mujeres y niƱos, se refugian en el hogar,
cerca del fuego,
es cuando surgen los dulahan, para cazar..

jinetes, que portan a modo de linterna su pĆŗtrida cabeza,
no les gusta que les vean
y por eso tu ojos ciegan,
con latigos descarnados,
que portan en su mano izquierda.
ninguna puerta se les resiste 
y cuando bajan de su caballo, la sentencia es firme,
cuidado, no sea tu nombre el que pronuncie.

pues solo con el oro se puede repeler a los hijos de antiguo dios Dudh.
EstƔndar
Actualidad Literaria

HALLOWEEN

AVISO IMPORTANTE: CUENTO ORIGINAL NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 12 AƑOS.

!Buenas noches, amores y Feliz Halloween!

Espero que estĆ©is bien, y que pasĆ©is la noche no solo en la mejor de las compaƱƭas, sino tambiĆ©n con los mejores planes, empezando por el cuento original de….CAPERUCITA ROJA

CAPERUCITA ROJA

En las primeras horas de la noche del 31 de octubre, cuando la gente empieza a salir a la calle para celebrar Halloween, tres niƱos vestidos de vampiros, con sus capas colgando, sus dientes de plĆ”stico, y sus bolsas de golosinas, se acercaron a un anciano arrugado por la edad, que con voz rota empezó a contar la historia de una niƱa, con una capa roja como la sangre…

Ɖrase una vez una niƱa, que vivĆ­a en un pueblo cerca del Tirol. la muchacha era la mĆ”s bonita del contorno; su madre la querĆ­a con locura, y su abuela todavĆ­a la querĆ­a mĆ”s. Esa buena mujer hizo para su pequeƱa una capa con capucha de color rojo, y le quedaba tan bien, que en todas partes le llamaban Caperucita Roja.

Un dƭa su madre, despuƩs de cocinar un bizcocho, le dijo:

—Vete a ver que tal estĆ” la abuela, porque tenĆ­a un fuerte resfriado y quiero que le lleves este bizcocho y un poco de mantequilla, para que se ponga mejor.

Caperucita salió hacia casa de su abuela, que vivía en otro pueblo. El camino atravesaba un gran bosque, y fue en uno de los cruces de este, donde se encontró con un lobo hambriento, que pensó en comérsela. Pero no se atrevió, porque en ese momento el bosque estaba lleno de leñadores.

 Entonces, el lobo se acercó a Caperucita, y le preguntó con cierto interĆ©s—¿A dónde vas tan contenta por el bosque? —

—Voy a casa de mi abuela —respondió Caperucita sin saber lo peligroso, que era pararse a hablar con el lobo— le llevo bizcocho porque estĆ” malita y necesita que alguien la cuide.

 Caperucita se despidió del lobo, y mientras ella iba por el camino mĆ”s largo, Ć©l echó a correr por el camino mĆ”s corto, teniendo la seguridad de que llegarĆ­a antes que ella.

Sin sospechar nada, Caperucita fue con calma, parÔndose a coger nueces por el camino, corriendo tras las mariposas y recogiendo algunas flores para llevarle un lindo ramo a su abuela. Mientras tanto el lobo no tardó en llegar a la casa de la abuela y llamó a la puerta: Toc toc

—¿QuiĆ©n es? —dijo la abuela.

—Soy Caperucita, —dijo el lobo imitando su voz— traigo bizcocho que hizo mamĆ”.

—Adelante, tira de la manilla y abre —dijo la abuela que estaba metida en la cama con un poco de fiebre.

El lobo abrió la puerta, se echó sobre la abuela, y la mató; después puso un poco de su carne y sangre en la mesa. Enseguida fue a cerrar la puerta, y se metió en la cama a esperar la llegada de Caperucita. Poco tiempo después alguien llamó a la puerta: Toc toc

—¿QuiĆ©n es? —dijo el lobo imitando la voz de la abuela.

Caperucita tuvo un poco de miedo cuando escuchó la voz ronca de la abuela, pero pensó que tenĆ­a la nariz atascada del resfriado, y contestó: —Soy yo, Caperucita. —

—Entra, tira de la manilla y empuja la puerta,— dijo el lobo.

—Abuela, Traigo bizcocho y mantequilla para que te pongas bien.

El lobo, al ver entrar a Caperucita se escondió bajo las mantas y dijo:

—dĆ©jalos en la mesa, hija mĆ­a. Te he dejado un poco de carne y de vino en la mesa. Cuando termines de comer ven a la cama conmigo.—

Caperucita se quitó la capa roja y los zapatos, Y le preguntó— ĀæDónde debo poner mi capa? —

—TĆ­ralo al fuego, hija mĆ­a, ya no lo necesitas.

Y por toda la ropa, el corsé, el vestido, la enagua, las medias, le preguntaba dónde se las ponía. Y el lobo respondía: «Tíralos al fuego, hija mía, ya no los necesitas».

 al entrar en la cama la pequeƱa se sorprendió de ver a su abuela sin ropa. y Entonces dijo:

—Abuelita, Āæcómo es que tienes los brazos tan grandes? —

—Son para abrazarte mejor, mi hijita —respondió el lobo.

—Abuelita, Āæy esas piernas tan largas? —continuó Caperucita.

—Son para andar mĆ”s rĆ”pido, mi pequeƱa —dijo el lobo.

—Abuelita, pero que grandes tienes las orejas —dijo Caperucita.

—Son para oĆ­rte mejor —dijo el lobo.

—Abuelita, y que grandes tienes los ojos —dijo Caperucita.

—Son para verte mejor —respondió el lobo.

—Abuelita, Āæy porque tienes esos dientes tan grandes? —dijo Caperucita.

—Son para comerte mejor, mi hijita—dijo el lobo

”Oh! Abuelita ”qué ganas tengo de ir al baño!

– Ā”AcuĆ©state, mi hija en la cama!

!NoĀ”, abuela, quiero salir al baƱo 

Bien, pero no tardes.

El lobo ató un hilo de lana a su pie y la dejó ir.

Cuando la pequeña estuvo afuera, anudó el final de la línea a un ciruelo en el patio y hecho a correr. cuando el lobo se dio cuenta, y vio que la pequeña se salvaba, se tiró de la cama y la persiguió, por todo el bosque. Pero Caperucita consiguió llegar a su casa antes de que el lobo la alcanzara, salvando se por los pelos

FIN

Moraleja

AquĆ­ vemos que la adolescencia,

en especial las seƱoritas,

bien hechas, amables y bonitas

no deben a cualquiera oĆ­r con complacencia,

y no resulta causa de extraƱeza

ver que muchas del lobo son la presa.

Y digo el lobo, pues bajo su envoltura

no todos son de igual calaƱa:

Los hay con no poca maƱa,

silenciosos, sin odio ni amargura,

que, en secreto, pacientes, con dulzura

van a la siga de las damiselas

hasta las casas y en las callejuelas;

mƔs, bien sabemos que los zalameros

entre todos los lobos ”ay! son los mÔs fieros.

Mis amores, espero que esta versión un poco agridulce de Caperucita Roja os haya gustado, y que os de Ć”nimos estos dĆ­as, que para algunos serĆ”n un poco durillos, ya que nos toca despedirnos un aƱo mĆ”s de familiares y amigos, que por culpa del covid, la guerra, el terrorismo, la edad, los accidentes de trĆ”fico …. Ya no estĆ”n.

Un beso Sira.

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