Actualidad Literaria

HALLOWEEN

AVISO IMPORTANTE: CUENTO ORIGINAL NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 12 AÑOS.

!Buenas noches, amores y Feliz Halloween!

Espero que estéis bien, y que paséis la noche no solo en la mejor de las compañías, sino también con los mejores planes, empezando por el cuento original de….

CAPERUCITA ROJA

En las primeras horas de la noche del 31 de octubre, cuando la gente empieza a salir a la calle para celebrar Halloween, tres niños vestidos de vampiros, con sus capas colgando, sus dientes de plástico, y sus bolsas de golosinas, se acercaron a un anciano arrugado por la edad, que con voz rota empezó a contar la historia de una niña, con una capa roja como la sangre…

Érase una vez una niña, que vivía en un pueblo cerca del Tirol. la muchacha era la más bonita del contorno; su madre la quería con locura, y su abuela todavía la quería más. Esa buena mujer hizo para su pequeña una capa con capucha de color rojo, y le quedaba tan bien, que en todas partes le llamaban Caperucita Roja.

Un día su madre, después de cocinar un bizcocho, le dijo:

Vete a ver que tal está la abuela, porque tenía un fuerte resfriado y quiero que le lleves este bizcocho y un poco de mantequilla, para que se ponga mejor.

Caperucita salió hacia casa de su abuela, que vivía en otro pueblo. El camino atravesaba un gran bosque, y fue en uno de los cruces de este, donde se encontró con un lobo hambriento, que pensó en comérsela. Pero no se atrevió, porque en ese momento el bosque estaba lleno de leñadores.

 Entonces, el lobo se acercó a Caperucita, y le preguntó con cierto interés—¿A dónde vas tan contenta por el bosque? —

Voy a casa de mi abuela —respondió Caperucita sin saber lo peligroso, que era pararse a hablar con el lobo— le llevo bizcocho porque está malita y necesita que alguien la cuide.

 Caperucita se despidió del lobo, y mientras ella iba por el camino más largo, él echó a correr por el camino más corto, teniendo la seguridad de que llegaría antes que ella.

Sin sospechar nada, Caperucita fue con calma, parándose a coger nueces por el camino, corriendo tras las mariposas y recogiendo algunas flores para llevarle un lindo ramo a su abuela. Mientras tanto el lobo no tardó en llegar a la casa de la abuela y llamó a la puerta: Toc toc

¿Quién es? —dijo la abuela.

Soy Caperucita, —dijo el lobo imitando su voz— traigo bizcocho que hizo mamá.

Adelante, tira de la manilla y abre —dijo la abuela que estaba metida en la cama con un poco de fiebre.

El lobo abrió la puerta, se echó sobre la abuela, y la mató; después puso un poco de su carne y sangre en la mesa. Enseguida fue a cerrar la puerta, y se metió en la cama a esperar la llegada de Caperucita. Poco tiempo después alguien llamó a la puerta: Toc toc

¿Quién es? —dijo el lobo imitando la voz de la abuela.

Caperucita tuvo un poco de miedo cuando escuchó la voz ronca de la abuela, pero pensó que tenía la nariz atascada del resfriado, y contestó: —Soy yo, Caperucita. —

Entra, tira de la manilla y empuja la puerta,— dijo el lobo.

Abuela, Traigo bizcocho y mantequilla para que te pongas bien.

El lobo, al ver entrar a Caperucita se escondió bajo las mantas y dijo:

—déjalos en la mesa, hija mía. Te he dejado un poco de carne y de vino en la mesa. Cuando termines de comer ven a la cama conmigo.—

Caperucita se quitó la capa roja y los zapatos, Y le preguntó— ¿Dónde debo poner mi capa? —

—Tíralo al fuego, hija mía, ya no lo necesitas.

Y por toda la ropa, el corsé, el vestido, la enagua, las medias, le preguntaba dónde se las ponía. Y el lobo respondía: “Tíralos al fuego, hija mía, ya no los necesitas”.

 al entrar en la cama la pequeña se sorprendió de ver a su abuela sin ropa. y Entonces dijo:

Abuelita, ¿cómo es que tienes los brazos tan grandes? —

Son para abrazarte mejor, mi hijita —respondió el lobo.

Abuelita, ¿y esas piernas tan largas? —continuó Caperucita.

Son para andar más rápido, mi pequeña —dijo el lobo.

Abuelita, pero que grandes tienes las orejas —dijo Caperucita.

Son para oírte mejor —dijo el lobo.

Abuelita, y que grandes tienes los ojos —dijo Caperucita.

Son para verte mejor —respondió el lobo.

Abuelita, ¿y porque tienes esos dientes tan grandes? —dijo Caperucita.

Son para comerte mejor, mi hijita—dijo el lobo

¡Oh! Abuelita ¡qué ganas tengo de ir al baño!

– ¡Acuéstate, mi hija en la cama!

!No¡, abuela, quiero salir al baño 

Bien, pero no tardes.

El lobo ató un hilo de lana a su pie y la dejó ir.

Cuando la pequeña estuvo afuera, anudó el final de la línea a un ciruelo en el patio y hecho a correr. cuando el lobo se dio cuenta, y vio que la pequeña se salvaba, se tiró de la cama y la persiguió, por todo el bosque. Pero Caperucita consiguió llegar a su casa antes de que el lobo la alcanzara, salvando se por los pelos

FIN

Moraleja

Aquí vemos que la adolescencia,

en especial las señoritas,

bien hechas, amables y bonitas

no deben a cualquiera oír con complacencia,

y no resulta causa de extrañeza

ver que muchas del lobo son la presa.

Y digo el lobo, pues bajo su envoltura

no todos son de igual calaña:

Los hay con no poca maña,

silenciosos, sin odio ni amargura,

que, en secreto, pacientes, con dulzura

van a la siga de las damiselas

hasta las casas y en las callejuelas;

más, bien sabemos que los zalameros

entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.

Mis amores, espero que esta versión un poco agridulce de Caperucita Roja os haya gustado, y que os de ánimos estos días, que para algunos serán un poco durillos, ya que nos toca despedirnos un año más de familiares y amigos, que por culpa del covid, la guerra, el terrorismo, la edad, los accidentes de tráfico …. Ya no están.

Un beso Sira.

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