











!Buenos dĆas, AmoresĀ”
Hoy, el dĆa de Todos los Santos, me gustarĆa honrar a todas las familias, que a lo largo de los aƱos se han despedido de sus seres queridos desde la distancia; espero que os guste, y que lo compartĆ”is con los mĆ”s allegados a vosotros.
Con los nervios a flor de piel, y sin haber dormido mÔs de un par de horas, Daniela se subió al tren, colocó sus maletas y se sentó en la parte derecha sujetando un pequeño ramillete de crisantemos, la flor favorita de su Nana.
Unos minutos mÔs tarde, el tren emprendió la marcha, y con los primeros bandazos de este, empezaron a fluir los recuerdos, y las carcajadas que se le escapaban a Nana cuando le contaba cómo fue su primer viaje en tren.
–Lo mĆ”s lejos que fuimos fue a la ciudad, eran otros tiempos, y no nos hacĆa falta ir a Punta Cana para tener una bonita luna de miel, a mĆ, me bastó con tener a tu abuelo, aunque el viajecito tuvo lo suyo con ese cacharro (el tren) que no paraba de dar botes y bandazos, Ā”ni que lo tuvieran que empujar para moverse! ā decĆa mientras su barriguita subĆa y bajaba por las risitas que se le escapaban.
Una hora despuĆ©s y con un movimiento mucho mĆ”s pausado que el del inicio, el tren paro. Entonces, Daniela fue consciente de que habĆa llegado a su destino, y que a muy pocos metros se encontrarĆa ante las puertas del cementerio, fue en aquel momento cuando comprendió que ni las risas ni los llantos serian lo mismo.
Con cada metro que recorrĆa en dirección al cementerio, podĆa ver a Nana, sonriendo mientras tejĆa peucos, y contaba cuentos, la veĆa feliz con sus plantitas, recordó su frente fruncida mientras cocinaba, y con los ojos tristes cuando se despidieron, un mes antes de fallecer
Sin embargo, el mĆ”s doloroso de todos los recuerdos llegó ante su tumba, cuando desde el hospital le dijeron que su nana estaba ingresada, y ni si quiera pudo entrar a darle un Ćŗltimo beso, pues no la dejaron pasar mĆ”s allĆ” del pasillo, son las nuevas normas le dijeron. ā¦
Pero hoy serĆa diferente, aunque ya no pudiera darle un abrazo a su nana, se sintió reconfortada cuando poso el ramillete en el centro de la lĆ”pida y dirigió dos dedos desde sus labios hasta el frio cemento, para poder darle por fin el Ćŗltimo adiós a su querida abuela.