la vegetación,el agua,y esas rocosas paredes de caliza, han hecho que esta cueva haya sido durante millones de años, el refugio de bandidos, amigos y amantes.
Cubierta por una cascada de 60 metros de altura se encuentra la cueva de turche en Buñol, la cual da nombre a esta pieza de agua natural deliciosamente fresca.
Cosa que se agradece más durante las olas de calor, aunque mejor si lleváis carpines que chanclas ya que el acceso a la poza es un sendero con piedras que pueden llegar a ser molestas.
La verdad es que cuando fuimos no había mucha gente y pudimos disfrutar de la cascada y del interior de las cuevas, donde el agua salía directamente de sus paredes y esa sí que estaba fría; eso sí, si sois claustrofóbicos esa parte no la disfrutaréis mucho, pero si no, el poder sentarte dentro de la cueva y escuchar y ver como cae el agua en la poza desde esa perspectiva es casi hipnótico y muy relajante.
Hubo algunos momentos bastante graciosos cuando el dueño de un cachorro intentaba acostumbrarlo al agua, y eso terminó con el perro haciendo la croqueta en la toalla del vecino🤣.
La poza la descubrimos a través de mi hermana que fue, quien la encontró y propuso el plan, y tras está escapada supimos que hay más planes para hacer tanto en invierno como en verano y os aseguro que para el próximo viaje express a Buñol esa parada no nos la saltaremos.¿Y vosotros?
Un beso Sira.