(PARTE 1)
”Buenas noches, Amores ”
Los grillos de fondo, y el cielo enmarcado por las perseidas, hacen que estaĀ noche de verano sea perfecta para contar historias, en especial la de Perseo, ya que son sus estrellas las que surcan esta noche los cielos.
Hace miles de años, cuando los dioses gobernaban el Olimpo, nació un semidiós, Perseo, un niño al que arrojaron al mar, junto a su madre y sobrevivió. Un hijo de Zeus, que fue adoptado por el Rey de Serifo.
Y que solo se convertirĆa en hombre, si volvĆa a casa con la cabeza de una de las gorgonas, Medusa, capaz de petrificar a un hombre con una sola mirada, y liberaba a su madre de las garras de su tĆo.
EL ENCUENTRO CON MEDUSA

Cuando Perseo cumplió la mayorĆa de edad, fue enviado a por la cabeza de una de las gorgonas, mĆ”s concretamente se le pidió la cabeza de Medusa (la Ćŗnica de las tres que era mortal), la cual era capaz de petrificar a un hombre con tan solo mirar lo.
Por primera vez, nuestro hĆ©roe emprendió el viaje sin reparar, en el por quĆ© su tĆo lo enviaba a la otra punta del mundo, sin armas, ni protección alguna. Circunstancias que cambiaron rĆ”pidamente, pues antes de llegar al hogar de las gorgonas, los mismĆsimos dioses le otorgaron:
un espejo de bronce que refleja todo lo que veĆa, un casco que lo harĆa invisible, Un saco para la cabeza de medusa, Un sable mĆ”gico capaz de herir o matar a un dios, y Unas sandalias aladas para llegar a su destino.
Todos fueron de gran ayuda para entrar en el hogar de Medusa, Esteno y EurĆale, cortar le la cabeza y escapar sin que sus hermanas se dieran cuenta.
EL ENCUENTRO CON ATLAS
En su viaje de regreso a casa Perseo, llegó al Reino de Arcadia, una región que se encontraba muy cerca de Marruecos, donde nuestro héroe pidió un lugar donde poder descansar antes de seguir su camino.

El titan Atlante, quien protegĆa el Ć”rbol divino, se negó por miedo a que un hijo de Zeus le robara todo su poder, tal como decĆa la profecĆa que le fue revelada en su juventud.
Ante esta situación, Perseo se enfrentó Atlante, y con la cabeza de medusa, convirtió a este gigantón, en lo que hoy se conoce como la cordillera de atlas, un sistema montañoso de 2.400 km.
Tras este enfrentamiento y después de recuperar fuerzas Perseo emprendió el camino hacia la Isla de Serifo, su hogar.