!Buenos días. Amores¡
Hace unas semanas, comí en uno de los restaurantes favoritos de valencianos, barceloneses y madrileños. El Saona, un establecimiento que acerca y experimenta con la cocina mediterránea, ofreciéndote una nueva experiencia culinaria, a veces acertada y otras no tanto.
Como las patatas Saona con salsa de queso, o el humus con berenjena y miel, que fueron unos entrantes acertadísimos; y es que la delicada y a la vez sabrosa combinación de dulce y salado hicieron de estos unos de los mejores platos que he comido en bastante tiempo.
Sin embargo, los falsos niquiris rellenos de butifarra o los que iban acompañados de huevos, algas, pulpo o jamón son dos platos que particularmente no me gustaron. El primer plato me provocó ardor, y el segundo me parecieron unas albóndigas que no tenían ni sal, ni sabor.
Por otro lado, los primeros fueron la elección idónea ya que tanto en el cerdo con reducción de Pedro Ximénez, como en los solomillos de pollo con salsa camembert, el sabor de la carne y su cocción eran magníficas y las salsas no hacían más que resaltar el sabor de estas
Y por supuesto no me podía olvidar de los postres, los cuales palidecieron en comparación de la tarta de chocolate con una base de nueces, que sin duda se convirtió en una de mis favoritas.
A pesar de que el restaurante estaba lleno el servicio fue excelente, los camareros estaban pendientes a todas las mesas y el trato con los clientes era muy cordial, a nosotros nos hicieron sentir como si estuviéramos en casa
Con razón el Saona se ha convertido en uno de los restaurantes más recurrente a la hora de comer o de cenar.